Silla Invisible

Presentación

En Silla Invisible, se presenta una propuesta artística conceptual donde se señala a un objeto roto que permanece en un espacio inadecuado sin ser percibido. La obra expone cómo lo cotidiano puede volverse invisible cuando deja de encajar en los criterios de utilidad. El artista invita a reconsiderar aquello que normalizamos y dejamos de mirar, así como su reflejo en todo lo que lo rodea.

Ficha técnica

Statement artístico

Silla Invisible nace de la observación cotidiana y recurrente de un objeto roto, fuera de lugar, capaz de ocupar un espacio durante un tiempo desmesurado sin que nadie repare en él. Su invisibilidad no es producto de la ocultación ni de un juego perceptivo, sino de un fenómeno cotidiano y social: la capacidad humana para ignorar aquello que ya no funciona, aquello que estorba o aquello que simplemente hemos dejado de ver.

En esta obra, la silla —incapaz de cumplir su función primaria— permanece como un cuerpo presente pero anulado, suspendido en un estado ambiguo entre lo útil y lo desechado. Ese estado le dota de un “superpoder”: el de permanecer sin ser percibida.

La pieza propone el ejercicio de mirar de nuevo y preguntarnos por qué no lo vemos. Invita a reconsiderar lo que habita en nuestro entorno; a pensar en aquello que dejamos pasar, en lo que normalizamos, en lo que preferimos no atender. Silla Invisible funciona como un dispositivo de fricción perceptiva, un recordatorio de que todo lo que nos rodea puede volverse transparente si dejamos de interrogarlo.

Al señalar la ausencia de atención, la obra apunta hacia una forma de responsabilidad: aquello que ignoramos sigue ahí, ocupando espacio, modificando silenciosamente el lugar y nuestras relaciones con él. La obra no es el objeto en sí, sino la invitación a transformar la mirada del observador.

Dada su ubicación, la obra también activa una reflexión sobre el propio ecosistema artístico en el que se inscribe. Se encuentra en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, un espacio que históricamente nació para mostrar, visibilizar y celebrar la producción artística, hoy convertido en un edificio céntrico donde alquilar espacios para múltiples usos y dinámicas; actividad que adquiere una dimensión relevante. El Círculo pasa por alto tanto la existencia física de la silla como los gestos artísticos que nacen en él. La indiferencia de la institución se convierte así en un componente esencial de la obra.

En este contexto, la invisibilidad deja de pertenecer solo al objeto: se extiende al edificio, a su misión original, a los mecanismos de atención que deberían sostener la experiencia artística. La obra revela la posibilidad de una institución que se invisibiliza a sí misma, no porque físicamente no albergue creaciones artísticas, sino porque la ruptura con su cometido inicial hace que la institución ya no funcione, como le sucede a la silla.

Como artista no está en mi intención intervenir materialmente el espacio ni provocar una reacción institucional. El objetivo es exponer una idea, permitir que la obra permanezca en su estado de discreta evidencia, y que el edificio, al ignorarla, complete el ciclo conceptual que la sostiene.

Texto curatorial

En Silla Invisible, el artista reubica un objeto roto en un edificio emblemático vinculado al arte advirtiendo a la institución de la presencia del objeto. La pieza es ignorada ocupando un espacio inadecuado dentro de la misma. Es entonces cuando el artista crea la propuesta conceptual que, al igual que la mayoría de las iniciativas artísticas que se generan en la institución, el artista prevé que pasará también desapercibida para ésta.

Esta omisión no es un fallo, sino una parte operativa de la obra. La indiferencia institucional se integra como un elemento más del dispositivo artístico: una reflexión crítica sobre cómo los espacios culturales, al expandir sus usos y funciones, pueden diluir su propia identidad hasta volverse casi transparentes. En un edificio destinado originalmente a mostrar el arte, la obra previsiblemente se volverá invisible no por ocultamiento, sino por exceso de convivencia con otras dinámicas que desplazan la atención.

La silla rota —improductiva, fuera de función— se convierte en un espejo del propio espacio que la acoge, y este, a su vez, en un reflejo del entorno que lo sostiene. La presencia ignorada del objeto genera una fricción perceptiva que señala un riesgo más profundo: la posibilidad de que la institución, en su transformación, también se haya roto, haya perdido parte de su función primigenia: la capacidad para ver, legitimar o activar lo artístico. Así, Silla Invisible no solo problematiza la percepción del espectador, sino también la del propio edificio y, por extensión, la de la ciudad que la acoge, que se convierten sin saberlo en protagonistas, cómplices y metáfora de su propio borrado.

Anexo: Lectura psicosocial
Invisibilidad social, marginalidad y respuestas a la exclusión.

El 14 de marzo de 2022, un alto cargo de la Comunidad de Madrid, en una rueda de prensa hablando de un informe que advertía de que en su región había tres millones de pobres, miró al suelo y moviendo la cabeza representando un gesto de búsqueda pronunció la frase: «…pues ¿por dónde estarán?».

El concepto de Silla Invisible puede extenderse más allá del objeto, del artista y de la institución hacia un marco social más amplio: el de las personas que viven en los márgenes y cuya existencia se vuelve, en muchos casos, imperceptible para el resto de la sociedad. La pobreza, la precariedad y la exclusión generan formas de invisibilidad que no consisten en desaparecer, sino en ser ignorado incluso estando presente.

En muchos entornos urbanos, las personas pobres, sin recursos estables o sin hogar quedan relegadas a la periferia y también a la zona de visión periférica: se perciben, pero no se reconocen. Se convierten en parte del paisaje, igual que la silla rota. Su presencia constante no garantiza atención; al contrario, la normalización de su precariedad produce un silencioso borrado social.

Ante esta invisibilidad, algunas reacciones pueden manifestarse como gestos de ruptura con las reglas impuestas por el entorno. Estas acciones, que a veces adoptan formas ilegales o socialmente mal vistas, no pueden entenderse únicamente como meros delitos -robos, vandalismo, afán destructivo, agresiones, etc.-. También pueden interpretarse como reacciones complejas a un sistema que no ofrece vías legítimas de participación plena, reconocimiento o dignidad. No se trata de justificar ni de glorificar la delincuencia o la transgresión, sino de comprenderla como un síntoma: cuando una sociedad ignora sistemáticamente a ciertos grupos, esos grupos, en ocasiones, buscan formas alternativas de ser vistos, de dejar rastro, de existir y ser reconocibles en un espacio que les niega visibilidad.

Así como el artista en ocasiones trabaja respondiendo a su necesidad de mostrarse compartiendo su manera de ver y de verse a sí mismo, el arte y ciertas formas de ruptura social comparten así un terreno conceptual: ambos pueden emerger como acciones que buscan visibilidad, un modo de recordar al entorno que lo que se ignora también tiene presencia.

Este anexo no equipara la creación artística con la experiencia de la pobreza o exclusión, sino que señala un marco común: la lucha por recuperar un lugar en la mirada de los demás. En este sentido, “Silla Invisible” se convierte en una invitación a reconsiderar qué miramos, qué ignoramos y cómo lo invisible estructura silenciosamente nuestra convivencia.

El artista

Mi nombre es Íñigo García Rodríguez. Esta propuesta conceptual nació el 22 de septiembre de 2025, fecha en la que realicé la primera fotografía del objeto desde la perspectiva que aquí se presenta.

Aunque parte de mi trabajo mantiene un interés constante por los procesos perceptivos —un hilo que podría entenderse como antecedente directo de esta obra—, mi producción artística se ha desarrollado a través de disciplinas, estilos y temas muy diversos. No existe en mi trayectoria una serie sostenida en el tiempo ni una identidad plástica fácilmente reconocible. Tampoco he vendido ni puesto a la venta obra alguna hasta la fecha, y mi producción no constituye mi actividad principal.

Estos factores contribuyen a que, a pesar de haber obtenido la Licenciatura en Bellas Artes en 1994, no siempre me reconozca a mí mismo dentro de la categoría de “artista”. Esta distancia con los mecanismos de legitimación y visibilidad del sistema artístico se relaciona de forma directa con la pieza que aquí se presenta, en la que la noción de invisibilidad adquiere una dimensión personal y paralela.

Galería 31/12/2025 - 31/12/2025

más fotosicono más
Es un proyecto de www.igaro.es    email: silla.invisible@igaro.es    silla.invisible@google.com
noviembre 2025